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Hemos visto en post anteriores como la obesidad afecta a distintos aspectos de nuestra vida, tanto a nivel físico como psicológico.

Para que nos hagamos una idea, una persona que sufra esta enfermedad tiene una mayor probabilidad de sufrir:

  • Glucosa (azúcar) alta en la sangre o diabetes.
  • Presión arterial alta (hipertensión).
  • Nivel alto de colesterol y triglicéridos en la sangre (dislipidemia o alto
    nivel de grasas en la sangre).
  • Ataques cardíacos debido a enfermedad cardíaca coronaria, insuficiencia
    cardíaca y accidente cerebrovascular.
  • Problemas óseos y articulares, el mayor peso ejerce presión sobre los
    huesos y articulaciones. Esto puede llevar a osteoartritis, una enfermedad que
    causa rigidez y dolor articular.
  • Dejar de respirar durante el sueño (apnea del sueño). Esto puede causar
    fatiga o somnolencia diurna, poca atención y problemas en el trabajo.
  • Cálculos biliares y problemas del hígado.
  • Algunos tipos de cáncer.

En esta ocasión vamos a centrarnos en la obesidad y su relación con el alzhéimer

LA OBESIDAD Y EL ALZHÉIMER

La dieta y el ejercicio tienen un papel fundamental en la vida de cualquier individuo pero, además, pueden tener un papel en el tratamiento y la prevención de ciertas enfermedades.

Los pacientes que padecen obesidad presentan una disminución de glucosa en el cerebro. Al ser la glucosa la señal más primitiva que envía el cerebro para avisar de que has comido, es lógico pensar que los individuos obesos no reciben la cantidad de azúcar suficiente en el cerebro y no detecten dicha señal, alterando el ciclo de alimentación

Por otro lado, el Alzhéimer es conocido también por algunos expertos con el nombre de «diabetes tipo 3« debido a la vinculación que tiene con la obesidad, la cual aumenta las proteínas cerebrales relacionadas con el desarrollo de la enfermedad.

Mediante técnicas de escaneo cerebral se ha demostrado que las personas con obesidad tienen volúmenes cerebrales más pequeños, hecho que aumenta el riesgo de padecer Alzhéimer.

IMPACTO DE LA ACTIVIDAD FÍSICA

A todo lo anterior mencionado se suma el impacto de la no realización de actividad física, perjudicial a nivel general de población, pero que además se convierte en uno de los factores de prevención.

El Dr. Rao, Director del Cley Clinic’s Schey Centro de Neuroimagen Cognitivo, realizó un estudio en el que exploraba el vínculo de la actividad física y el Alzhéimer.

Los resultados mostraron que las personas que estaban en riesgo de desarrollar la enfermedad y no realizaban ninguna actividad física tenían mayor riesgo de desarrollar una disminución cognitiva con el tiempo.

 

Como podemos ver, aunque existen ciertos factores de riesgo no podemos controlar (factores genéticos como la edad o los genes), hay ciertas variables sobre las que si podemos incidir y que pueden reducir los riesgos de padecer esta enfermedad.